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Las trampas del Dakar equilibran la balanza. Las trampas son las mismas para
todos. Mezcla de géneros únicos, el Dakar impone el mismo itinerario
para automóviles, motos y camiones. Ante la tormenta de arena del Ténéré,
que mantuvo cautivos a 40 participantes en el desierto durante una noche en 1983,
el cansancio, las caídas, las averías mecánicas, todos están
unidos por un mismo destino. Todo se puede decidir en un solo segundo. “La
pista es como el mar, hay que temerla y, si no, malo”, explica Michel Merel. “Yo
le temo a la pista, no juego con ella, no hay que hacerse el artista”.
Esta anécdota de Fenouil, que explicaba una caída en plena línea
recta al quedarse dormido sobre el manillar de su moto mientras circulaba a toda
velocidad, también dio la vuelta al mundo.
El Dakar es una historia de hombres, de caracteres. No renunciar jamás,
encontrar una dosis extra de coraje para encontrar la fuerza para seguir en la
carrera: ésta es la única receta para el éxito en el Dakar, última
aventura moderna todavía al alcance de los aficionados, económicamente
hablando. El gran público y los medios se sienten fascinados por esta
sucesión de proezas y estas primeras imágenes de salidas en línea
por la inmensidad del Ténéré.
Las estrellas del deporte, de la televisión, del cine o de la canción
se sienten atraídas por esta aventura fuera de lo común. Claude
Brasseur (copiloto de Jacky Ickx), el hijo de Margaret Thatcher o Daniel Balavoine
acuden al Dakar a vivir historias fascinantes de las que han oído hablar
en la televisión desde hace años. Y estas estrellas se convierten
en hombres como los demás, minúsculos frente a la inmensidad del
desierto. “Somos un pequeño grano de arena, aquí encontramos
toda la humildad del hombre, no hay estrellas”, declara Michel Hidalgo. |
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