Al perderse en el desierto durante el rally Abidján-Niza de 1977, Thierry Sabine descubre una pasión por estas inmensidades de arena. Una aventura que decide compartir al año siguiente organizando el primer París-Dakar de la historia: mezcla de espíritu de competición y de expedición.
“ Vivimos en un mundo gris, necesitamos evadirnos, descubrir, conocer”, explicaba Patrick Tambay. Descubrir el continente africano por pistas aún inexploradas. Descubrir también paisajes mágicos ya míticos como el paso de Nega o el erg de la montaña de los elefantes. Descubrir en fin pueblos diferentes, con el placer recíproco del encuentro. “La imagen del hombre y del camello y la imagen del hombre y la máquina atravesando el desierto a 200 km/h no están enfrentadas sino que se cruzan entre sí, respetándose durante el instante de una mirada”, explicaba Sabine.
De París a Dakar, pasando por Argel, Gao o Bamako, el Dakar es toda una fiesta. “Un reto para aquellos que se van. Un sueño para los que se quedan”, añadía su creador. Además, con el paso de las ediciones, cada vez son más los que se van, los que se lanzan a esta escuela de la aventura. La vida en estado puro: hasta tal punto los participantes se ven obligados a conocerse y superarse. Para los que se quedan, la leyenda ya se ha hecho realidad, alimentada por las aventuras de sus rivales.
Hazañas deportivas, historias de hombres, las trampas: las peripecias de la caravana fascinan. Cada duna puede ocultar una trampa donde los participantes, desde el simple anónimo hasta el más prestigioso piloto de constructores, pueden perder la carrera o incluso la vida. Los pequeños sufren, los grandes también: todo ello inspira el respeto del público. Sin infierno, no hay placer para estos aventureros de la era moderna. Y nada de amigos, ya que la ayuda mutua es la esencia del Dakar, formidable aventura humana donde más que rivales, los participantes son compañeros de infortunio. Éste es el espíritu del Dakar, desde su creación hasta la próxima edición que dará comienzo en Barcelona el 1 de enero de 2005.
1979-1982: los pioneros del Desierto.
Apenas un año después de que la idea tomara forma en la mente de Thierry Sabine, nace el París-Dakar. El 26 de diciembre de 1978, 170 participantes reunidos en la Plaza del Trocadéro en París, toman la salida en esta nueva aventura, presentada como una alocada apuesta condenada al fracaso. A 10.000 kilómetros, en la meta de Dakar, nace la leyenda del rally-raid más mágico.
De Argelia a Senegal, pasando por Malí, estos pioneros de la aventura se sienten hechizados por esta tierra de contrastes. Se está forjando el mito. El prestigio de esta prueba crecerá sin parar atrayendo a cada vez más devoradores de espacios, ávidos de aventura. Al frente del manillar o del volante de material próximo a la serie, acuden al Dakar en busca de la proeza deportiva, motivados por el deseo de descubrir sus límites físicos y psicológicos durante este inmenso reto. Unos límites que, tarde o temprano, todos se ven obligados a rebasar: no se alcanza la playa de Dakar sin superarse a uno mismo.
Las pistas son desconocidas, las trampas incontables. Imposible pasar sin parar. Sin embargo, Thierry Sabine montará guardia. “Da la impresión de ser Dios, supervisando sus rebaños desde lo alto, en su helicóptero, acudiendo al vuelo a rescatar a los descarriados”, certifica Nicole Maitrot, participante del Dakar en 1982. La imagen del “Mesías”, vestido todo de blanco, prodigando consejos y recomendaciones antes de cada inicio de etapa da la vuelta al mundo y deja su huella en el ánimo.
Los primeros protagonistas del Dakar fascinan al gran público: los hermanos Marreau, genios de la mecánica y participantes sin par vencedores en 1982, Mathilde de Cortanze, bella del desierto, Cyril Neveu y Hubert Auriol, jóvenes alocados vencedores de las primeras ediciones. En 1982, la prueba conquista la legitimidad deportiva al obtener la certificación FISA. A partir de ese momento, las marcas más prestigiosas se lanzan a la aventura del Dakar, impresionante escaparate comercial.
Arriba de Historia
Los años 80